Biografía

Hay que transformar Chile, hacer una revolución en el pensamiento y en la acción, que nos permita tener la oportunidad a todas y todos de vivir en condiciones de igualdad.

Me llamo Roxana Miranda Meneses. Mi historia es la de una hija de este nuestro pueblo. Nací en 1967 y crecí en San Bernardo. Mis padres pertenecieron a las capas más dignas de la sociedad. Soy hija de un padre obrero municipal y una madre modista.

Cuando tenía 6 años, falleció mi papá y, desde ese momento, la familia vivió con los ingresos que aportaba mi madre trabajando como modista. Junto a ella aprendí sobre lo duro de la vida y también cómo sobrevivir trabajando con mis propias manos.

Recuerdo de muy pequeña, junto a mi madre, tener que enfrentar la burocracia de un gobierno que no le reconocía los derechos a una madre viuda con hijos pequeños. Recuerdo tener que aprender a defender mis ideas y mis derechos. Recuerdo una vida de alegrías y sufrimientos junto a los míos.

Más tarde realicé mis estudios medios en el Liceo Comercial de San Bernardo donde formé parte del centro de alumnos. Luego, me casé a los 27 años. Tuve 4 hijos, un hombre y tres mujeres. Y como el tiempo pasa, ya el mayor de mis hijos acaba de cumplir 18 años.

Durante años viví en casa, preocupada de la educación de mis hijos y de que mi hogar fuera un espacio de crecimiento para mi familia. Yo, como miles de madres chilenas, pensaba que si lo hacía todo bien, todo saldría adelante.

Pero pronto las injusticias y la necesidad de cambiar el orden de las cosas me llevó a asumir un rol de protagonista en mi entorno. Presionada por mis vecinos, asumí como dirigente social de la Junta de Vecinos de mi sector. Cargo que aun mantengo por más de 10 años.

A corto andar, mi condición de deudora habitacional me llevó a participar de manera activa en la Asociación de Deudores Habitacionales, convirtiéndome en dirigente nacional de la organización ANDHA Chile, hoy ANDHA Chile a Luchar Democrático.

Este proceso significó para mí una transformación radical en el desarrollo de mi conciencia social y política, así como en el plano personal y familiar. Pasé, como he dicho muchas veces, “de las ollas a la calle”.

Con la organización encabecé movilizaciones y negociaciones demandando soluciones a la problemática de los deudores y las deudoras, llegando a conocer a fondo la realidad de pobladores, deudores habitacionales y allegados de todo Chile.

Junto a los miles de deudores de todo el país, conseguimos hacer visibles a millones de familias que, antes de que creáramos organización, se avergonzaban de su condición de deudores. Logramos que miles de mujeres salieran de sus casas y que, pese a los insultos de los medios de comunicación o a los reproches de sus maridos, se asumieran como protagonistas de la lucha por la vivienda.

Logramos la condonación de miles de familias endeudadas, la rebaja de intereses y muchas otras demandas más. Pero, sobre todo, logramos que miles de ciudadanos angustiados por haber sido estafados se pusieran de frente con orgullo ante banqueros y políticos corruptos.

También, desgraciadamente, aprendí que el poder del dinero corrompe a muchos. Vi como la vieja clase política usa el dinero para quebrar a dirigentes sociales. Viví el dolor de ver a los compañeros ayer separarse de la línea del pueblo presionados por los poderosos. Vi a políticos de todos los colores mentir descaradamente para defender sus privilegios a punta de engaños y romper los movimientos sociales. Me reuní con ministros y senadores. Con directores de los bancos más grandes de Chile. Aprendí, en carne propia, lo importante que es no negociar los intereses del pueblo. También me ha tocado sentir y sufrir los costos de esta actitud.

A partir de estas experiencias, de todo lo bueno y lo malo avanzando con las organizaciones de base, me parece fundamental dotar de política al movimiento social para transformar las condiciones de vida de nuestro pueblo. Somos más de 99% de los chilenos los afectado por la imposición del modelo neo-liberal que otorga valor a las cosas por sobre las personas. Que las considera mercancía, que impone la desigualdad, la explotación y niega el ejercicio de derechos básicos como la salud, la vivienda y la educación de calidad a las grandes mayorías.

Junto a un grupo de organizaciones y movimientos sociales participé desde el inicio en la fundación y legalización del Partido Igualdad, una herramienta política de los pueblos, que tiene la voluntad de propiciar el auto-gobierno de los y las de abajo.

Creo que es fundamental superar los egos, las ambiciones personales y lograr la unidad que se necesita para construir una nueva Constitución (la constitución de los de abajo) y disponerse al autogobierno, derrocando al duopolio de la derecha y la concertación.

A esa tarea invito a sumarse a pobladores, pobladoras, trabajadoras y trabajadores, intelectuales, artistas, estudiantes, a los hombres y mujeres de buen corazón, que tomen posición y luchen por una vida digna, con salud y educación de calidad, respeto a los recursos naturales y participación. Todos juntos y todas juntas llegaremos a La Moneda para que el pueblo mande…